Hace unos días, el azar me regaló uno de esos momentos que dan sentido a todo esto.
Había quedado a tomar un café con un gran amigo, un antiguo compañero de trinchera al que admiro profundamente por su autenticidad y disciplina. Mientras arreglábamos el mundo entre sorbos, se acercó una amiga suya. Al saludarme, me soltó a quemarropa: "Me encanta tu newsletter". Mi amigo, con una sonrisa cómplice, confesó que se la había reenviado.
Esas son las conexiones de las que te hablo.
Me quedé de piedra. Al preguntarle cuál le había generado más resonancia, eligió la carta: "Cuando haces cosas, pasan cosas". Y a partir de ahí, la conversación dio un giro que me obligó a sacar la libreta mental.
Gaida es pura energía. Es de esas personas optimistas, trabajadoras y disciplinadas que iluminan la oficina. No habla el idioma de las escusas, prefiere sonreírle a la adversidad. Una espartana.
Sin embargo, me confesó que hubo un día en el que el motor gripó. Su entorno de trabajo había empezado a comerle terreno. Poco a poco, la burocracia ahogó su creatividad, y la inercia de los demás acabó cargando sobre su espalda un peso insoportable. Un día, simplemente, explotó.
Y entonces pronunció la frase que da título a esta carta: "Con lo que me gustaban a mí los lunes".
La pasión es un fuego que necesita oxígeno; cuando un entorno te reduce a un simple 'recurso' para cumplir objetivos vacíos, no te están robando el tiempo, te están robando los lunes.
En la Drew 's letter #3.5, su carta favorita, hablábamos de que el agobio a veces es síntoma de que estamos construyendo nuestros sueños a gran velocidad. Pero hay una diferencia abismal entre la presión que eliges y la que te imponen. Cuando "haces cosas" impulsado por tu propia brújula, el cansancio tiene sentido. Pero cuando te mueves solo para alimentar el desapego de otros, la inercia te aplasta. Esto no enseña que cada emoción, cada impulso debe ser gestionado a su justa medida. No es bonito de decir, pero es así.
Esto nos enseña que hay un término medio entre el cielo y el infierno. Ese puerto seguro, esa tierra firme, donde debemos responder ante nuestra consciencia y tomar nuestras decisiones.
Esa gestión nos habla de las conexiones que puede menos valoramos en nuestro entorno. La reflexión urgente sobre la arquitectura de nuestras relaciones laborales. La gente con la que compartimos ocho (y muchas más) horas al día no tiene por qué ser nuestra familia elegida —esos hermanos de los cuales te hablaré en la siguiente Drew’s letter, la #6—, pero desde luego, tampoco son "recursos humanos".
Existe un término medio vital: son nuestros compañeros de tripulación. Si no cuidamos a los que reman a nuestro lado, si dejamos que el talento genuino se ahogue bajo la carga de los que no quieren remar, el barco termina hundiéndose en la mediocridad.
Esta semana, revisa en cubierta:
¿Estás dejando que las circunstancias te roben el entusiasmo? Y más importante aún, ¿estás tratando a los que te rodean como tripulantes o como simples recursos?
Recuperemos el derecho a que nos gusten los lunes. Depende exclusivamente de nosotros. Muchas gracias por el café Gaida, y sobre todo a ti “gafudo”.
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P.D.2 Aquel café me confirmó algo que llevo tiempo fraguando. En el futuro, POINT OF DREW no será solo una travesía escrita por mí. Será un escenario, un espacio de charlas donde voces genuinas, como las de Gaida y Jonathan, tomarán el micrófono para hablar de frente sobre la pasión, el liderazgo y la vida. Porque el pensamiento crítico se nutre de historias reales.
P.D.3 El lunes toca pecho, nunca podrá ser un mal día. La pierna para el martes… o miércoles.
Nos vemos en el siguiente puerto. Hasta el sábado
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