La vida se cuenta y se entiende mejor si vamos paso a paso. Si recorremos cada uno de los escalones que conforman esta escalera generacional.
La Generación 1 conoció la guerra y el hambre; su única función era dar comida y seguridad a sus hijos.
La Generación 2, con el estómago lleno, buscó trabajo y estudios para sus hijos.
La Generación 3, ya educada, quiso mirar más alto y exigió estatus y reconocimiento social.
Y así llegamos a la Generación 4, que, desde la comodidad de la estabilidad, cometió el acto de amor más peligroso de todos: quiso que sus hijos "fueran felices" y, para lograrlo, se lo dieron absolutamente TODO.
Y aquí estamos hoy. En lo alto de la escalera (hasta la fecha), sobre un quinto peldaño que tiembla.
La Generación 5 supuestamente es "feliz", pero se paraliza ante la más mínima grieta en la pared. Al dárselo todo servido, le robaron la oportunidad de desarrollar el callo del esfuerzo. No tienen herramientas para solucionar problemas, solo un miedo profundo, casi crónico, a perder lo que poseen. Han heredado el castillo, pero no saben cómo defender sus murallas.
Hemos confundido la ausencia de problemas con la felicidad, construyendo una generación que tiembla porque no sabe que el viento, tarde o temprano, siempre sopla fuerte.
Por eso el estoicismo no es una moda, es una urgencia vital. Heráclito, mucho después de recordarnos que nadie se baña dos veces en el mismo río, nos dejó claro que la única constante es el cambio. Y para sobrevivir al cambio, necesitas adaptabilidad, justo el músculo que se atrofia cuando te lo dan todo hecho. Nadie tiene la culpa, el camino se empedró con las mejores intenciones, pero es hora de tomar consciencia.
El problema es que hemos entendido mal la felicidad. No es que la vida haya sido injusta contigo; es que la felicidad ha estado delante de ti todo el tiempo, llamándote a viva voz, y tú estabas sintonizando la emisora equivocada.
Existe en el océano una criatura solitaria conocida como la ballena de 52 Hz. Canta a una frecuencia tan inusualmente alta que ninguna otra ballena puede oírla. Su mensaje se pierde en la inmensidad. A la felicidad le pasa exactamente lo mismo: no emite en la frecuencia del ruido, del victimismo o de la ansiedad constante. Quien no esté dispuesto a bajar sus pulsaciones, jamás la oirá.
Entiéndelo de una vez: uno no "es feliz" por arte de magia. Uno trabaja para acercarse a la felicidad. La felicidad no es un estado de la materia; no se evapora ni se congela. Es un compromiso. Es trabajo, es voluntad, es disciplina y es amor.
¿Amor a quién? A quién va a ser, joder... ¡A TI!
Esta semana:
Quédate quieto un segundo. Cierra los ojos. Sueña que te despiertas, para poder despertarte por fin dentro de este sueño. Ese sueño implacable y hermoso que llamamos vida, esa vida a la que solo nosotros podemos darle sentido. Abre los ojos. ¿Qué ves?
La felicidad siempre estuvo ahí. Es nuestra responsabilidad aprender a hablar su idioma.
P.D. Si crees que alguien de tu entorno puede temblar como ese escalón, reenvíaselo. Y si te ha sacudido esta reflexión y quieres ver que hay arriba de la escalera, puedes darte de alta AQUÍ CON UN CLIC.
P.D.2 Sigue subiendo con orgullo esa escalera. Deja tu huella para que otros puedas seguirla.
Nos vemos en el siguiente puerto. Hasta el sábado
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