Una de las cosas que más me gusta de tí, cocodril, es llevarte a natación.
Desde que eras un bebé, he tenido el honor de ser el que entraba contigo a la piscina para que dieras tus primeras chapotadas. En enero te subieron de nivel, con niños de más edad, y estás aprendiendo ya a nadar de espaldas (tu padre se queda con el croll y la braza). Cómo pasa el tiempo.
En este tiempo hemos creado nuestros pequeños rituales. Nuestras arengas previas al espectáculo que es verte en la piscina. Pero no sólo es ejercicio físico.
Voy a confesarte algo: Esto va mucho más allá de dar brazadas con coordinación. Esto es otra lección de vida que se lleva tu padre con orgullo.
Para ti el cansancio no es una excusa. Para ti no hay una tarde perdida. Entras al agua y lo das absolutamente todo. Notas que la exigencia es mayor y hay momentos que cuesta coordinar las brazadas, pero de tu boca no sale ni una sola queja. Suspiras, coges aire y te vuelves a lanzar al agua. Te veo intentar subir el bordillo una y otra vez. Resbalas, el agua te pesa, pero sigues intentándolo. Sabes que esta vez no lo vas a lograr pero sigues intentándolo. Al final el monitor te ayuda a subir. No te quejas. Lo aceptas. Te ajustas el bañador, las gafas y ya estás preparada para la siguiente piscina. No hay lloros, no hay lamentos, sólo hay trabajo. Eres un animal.
Pero lo que realmente me rompe los esquemas —lo que me hace tragar saliva desde la grada— es lo que haces después. Cuando no te sale nada y sigues intentándolo estoicamente, ves que a un compañero le sale bien el ejercicio a la primera. Tú te detienes, y cuando sale de la piscina le aplaudes. Le levantas el pulgar. Joder.
La verdadera fortaleza de un corazón se mide, no sólo en tener el coraje de no rendirte cuando fallas, también en la inmensa nobleza de aplaudir cuando otro acierta. Esa es exactamente la mujer que queremos criar. Una niña con un corazón fuerte.
Verte lograr cosas me encanta y me llena el alma de orgullo, por supuesto. Pero tengo que confesarlo: Lo que de verdad me fascina de tí, lo que me desata una pasión incandescente es verte luchar. Es que no te rindas al no poder subir ese bordillo. No porque quiera que sufras, sino porque en ese preciso instante en el que no hay premio, ni éxito inmediato, tú eliges seguir con la cabeza bien alta. Ese es otro nivel de existencia.
En el ecosistema POINT OF DREW, hablamos mucho de disciplina y resiliencia, pero la teoría se queda en nada frente a la práctica de una niña que hoy cumple 5 años. No tienes palabras, solo orgullo de verla como se queda dormida en el coche de vuelta a casa, con la paz del que ha vaciado el tanque por completo.
Mi papel como padre no es estar ahí para corregirte, sino para guiarte. No quiero que sufras los obstáculos, quiero enseñarte a DISFRUTAR del majestuoso proceso de hacer cosas que cuestan.
Moltíssimes felicitats COCODRIL!!! Segueix nadant, segueix fallant, segueix aplaudint. Jo sempre estaré al teu costat, guardant la teua tovallola.
P.D. Sé que no es necesario, pero diles a tus hijos que les quieres de la forma más bonita: Creyedo en ellos. Si puedes reenviale esto a tu hijo/a puede que le saques una sonrisa. Y si te han reenviado este correo a ti, si eres ese hijo/a, acuérdate de quien te llevaba a natación y supo creer en ti. Si quieres puedes darte de alta AQUÍ CON UN CLIC.
P.D.2 Todo empezó con un cuento. Un libro infantil sobre un cocodrilo que se lavaba los dientes. Te hizo tanta gracia que, querías que te lo contara siempre. Desde ese instante, te convertiste en mi cocodril.
P.D.3 Esta carta también es un reconocimiento al equipo que compone el polideportivo de Rafelbunyol, sobre todo en la piscina.
Nos vemos en el siguiente puerto. Hasta la semana que viene
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