Esta semana, he aprendido una nueva palabra: acetábulo.
Cuando vienen a darte el resultado de un TAC estás nervioso y, aparte de volverte creyente —pues eso—, aprendes palabras nuevas.
En este caso el viento no fue favorable. No nos condujo al destino que queríamos.
Cuando te encuentras entre las cuatro paredes blancas de una habitación de hospital, tu cabeza no para de dar vueltas. Ni siquiera agradeces no ser el que está tumbado en esa cama articulada. Solo te invaden pensamientos negativos.
Mi mente, programada para el control, reaccionó con el guión habitual: pesimismo, preocupación por la operación, agobio por el "tiempo perdido" y esa sensación de que todo lo que podría salir mal, saldría mal.
El Diablo ya me estaba invitando a salir a bailar. Joder.
El primer día nunca es el mejor.
…
Por suerte, sentado en ese sillón incómodo, observando el goteo constante del suero, algo cambió. Recordé, que en los hospitales, no solo hay dolor y desesperación, también hay sitio para la esperanza de sentirse humano de nuevo.
A veces, la vida te hace soltar el timón para que dejes de mirar enfrente, y empieces a observar a los lados. Observar a aquellos quienes viajan contigo.
Con el paso de los días, las noticias mejoraron: había fractura, sí; pero no era necesaria cirugía, solo reposo. Ya parece que duele menos.
Las conversaciones, aparentemente triviales pero reparadoras, con los compañeros de habitación fueron in crescendo. Hace dos días eran desconocidos, y ahora son más que compañeros de travesía. La amabilidad genuina del personal sanitario, me permitió estar presente, de verdad, con mi padre.
Pasé de sentirme atrapado, a sentirme agradecido. A ver que la bondad humana es el analgésico más potente.
"Homo homini lupus". Con todo respeto Sr Hobbes, no estoy de acuerdo.
Descubrí que, incluso en el lugar que más tememos, la vida sigue brotando en forma de empatía y pequeños gestos. Pequeños gestos cotidianos de amor.
En el ecosistema POD, hablamos de arquitectura social, y esta semana me ha tocado reconstruir la mía. Me voy de este puerto con menos peso, pero con el corazón mucho más lleno.
Esta semana, te pido que:
No esperes a un pasillo de hospital para frenar. Mira a quienes tienes al lado. Escucha sus historias. La verdadera oportunidad no está en lo que vendrá, sino en la calma con la que recibes lo que ya está aquí.
El optimismo es el resultado de bajar pulsaciones y entender que formas parte de un todo, que nadie conspira para hacerte daño. Simplemente, son cosas que pueden ocurrir. Y ocurren.
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P.D.2 Esta carta no estaba programada, pero me ha ayudado mucho escribirla. Gracias ❤️
Nos vemos en el siguiente puerto. Ahora sí, hasta el sábado ⚓
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