A principios de la década de 1920, el cineasta soviético Lev Kuleshov realizó un experimento que cambiaría para siempre la historia del séptimo arte y, sin saberlo, la forma en que entendemos la mente humana.

Kuleshov tomó un primer plano del famoso actor Iván Mozzhukhin. Era una toma completamente neutra, inexpresiva. El actor simplemente miraba a cámara. Luego, Kuleshov intercaló ese mismo rostro inexpresivo con tres imágenes diferentes: un plato de sopa, una niña en un ataúd y una mujer recostada en un diván.

Cuando el público vio la proyección, alabaron la "magistral actuación" de Mozzhukhin. Aseguraban ver un hambre profunda al mirar la sopa, un dolor desgarrador frente al ataúd, y un deseo palpable al mirar a la mujer.

La realidad era clínica y fría: la cara del actor era exactamente la misma en los tres planos. El sentimiento no estaba en la pantalla. El sentimiento se había construido en el cerebro del espectador.

A este fenómeno se le bautizó como el Efecto Kuleshov, y nos dejó cuatro lecciones universales que trascienden la gran pantalla y se clavan directamente en nuestra arquitectura emocional:

1.- El significado de una historia no reside en un plano aislado, sino en cómo conectamos un evento con el siguiente.
2.- La narrativa real no ocurre ahí fuera, sucede "entre tus orejas". Tu cerebro odia el vacío y siempre buscará desesperadamente crear una historia que conecte los puntos.
3.- El contexto puede alterar drásticamente cómo reaccionamos ante un estímulo neutro, manipulando nuestros miedos o deseos sin necesidad de que haya una amenaza real.
4.- Es un principio que rige desde el cine de terror hasta las campañas publicitarias. Nuestra mente es una máquina de asociar conceptos.

Si trasladamos esta disección al ecosistema POINT OF DREW, el diagnóstico es demoledor. Nos pasamos la vida creyendo que reaccionamos a los hechos, cuando en realidad reaccionamos al montaje que nosotros mismos hacemos de ellos.

Un despido (plano A) seguido de meses de victimismo y quejas (plano B) proyecta una película de derrota y amargura. Ese mismo despido (plano A) seguido de la creación de tu propio proyecto o de una reinvención personal (plano B) proyecta una película de épica y coraje. El plano A, el hecho objetivo, es neutro, como la cara del actor soviético. Es inamovible.

Esta semana, entra en tu sala de montaje:

Analiza ese evento reciente que te está causando frustración. Aísla el hecho de la emoción. Date cuenta de que es solo un plano inexpresivo, y asume la responsabilidad de elegir qué imagen vas a colocar a continuación para darle a la secuencia un significado que te impulse, en lugar de uno que te hunda.

El dolor a menudo es inevitable, pero el significado que le otorgas a ese dolor es una elección editorial. Si cedes el control de la edición al azar, a tus miedos o a las opiniones ajenas, acabarás protagonizando una película de terror psicológico financiada por tus propias inseguridades.

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P.D.2 Alfred Hitchcock te lo explica a continuación (AQUÍ).

Nos vemos en el siguiente puerto. Hasta el sábado
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