Esta carta debería oler a pasta alla norma, a jerarquía familiar, a callejones oscuros y a vendetta. Históricamente, la Omertà, la hemos asociado al código de silencio de la mafia, a la delincuencia y al encubrimiento. Pero si le quitamos el traje criminal y la miramos bajo el microscopio de la naturaleza humana, descubrimos que, en su núcleo más primitivo, no habla de delito, habla de lealtad inquebrantable.

¿Dónde ponemos la línea de la consciencia? ¿Cómo definimos qué es lo correcto y qué no lo es, cuando la lógica choca de frente contra el honor? Para entender esta disyuntiva, no pasearemos por Quattro Canti y visitaremos a nuestro amigo Orson Welles.

Welles era un perfeccionista obsesivo, un hombre que vivía y moría por su arte. Sin embargo, tenía una costumbre que volvía locos a los productores: solía contratar a amigos y personas de su círculo cercano para papeles clave en sus películas, aún sabiendo perfectamente que no tenían el nivel, y que actores profesionales lo harían infinitamente mejor.

Años después (París, 1960), en una entrevista, le preguntaron por esta práctica suicida para sus obras. Le preguntaron si había contratado a amigos en vez de la personas adecuadas para el papel.
«Frecuentemente», contestó.
Le preguntaron, seguidamente si se arrepentía.
«Frecuentemente», volvió a contestar.
«¿Lo volvería usted a hacer?»,
«Sí».

¿A qué se refería realmente? A que hay cosas en esta vida mucho más importantes que hacer lo lógicamente correcto.

La perfección profesional te garantiza un buen producto, pero la lealtad te garantiza una vida que merece la pena ser vivida. Hacer lo correcto para el mundo a veces significa traicionar a los tuyos; y en ese cruce de caminos, el hombre de honor elige hundirse con su tripulación.

Welles lo tenía claro: Hay valores que están por encima de su arte. Sabía que la película sufriría, que la crítica le golpearía, y él iba a aguantar esa presión en silencio. Tomaba el golpe para que su gente pudiera estar en el barco con él. La vida se conjuga en presente. Eso es arquitectura social.

Hay momentos en la vida en los que la brújula moral se invierte. Instantes donde lo "correcto" según el manual —delatar un error ajeno, salvar tu propio prestigio, apartar al que no rinde, quejarte cuando tienes razón— es en realidad una bajeza humana. En esos momentos se demuestra el verdadero tamaño de tu corazón.

POINT OF DREW te invita a reflexionar que situaciones merecen guardar silencio, asumir la culpa o aguantar una presión cuando nace de un fin mayor. Ya que, en ciertas situaciones, no es un acto de sumisión; es la demostración definitiva de soberanía personal. El silencio, cuando nace del miedo, te envenena, pero cuando nace de la lealtad, te blinda. Es la decisión consciente de ponerte en la proa del barco y recibir el oleaje para que el que está detrás de ti pueda respirar.

Esta semana, te invito a revisar tus lealtades:

¿Estás tan obsesionado con hacer siempre "lo correcto" que te estás olvidando de hacer lo honorable? A veces, la mayor victoria no es tener la razón, sino tener a alguien por quien valga la pena perderla.

La mafia te dice que tres guardan un secreto cuando dos están muertos. Welles te dice que su arte es lo de menos. POD te dice que siempre hay un equilibrio, en el que buscar hacer lo correcto no debe esconder la honestidad de poder verse reflejado en un espejo roto. Cuando lanzas una moneda al aire, siempre va a tener dos caras.

P.D. Si te apetece ver la trilogía del Padrino con alguien de tu entorno, reenvíaselo. Y si te han reenviado este correo a ti y quieres más reflexiones que puedan hacerte crecer, puedes darte de alta AQUÍ CON UN CLIC.

P.D.2 «¿Al diablo con la posteridad?». «Sí». La entrevista de Orson Welles no tiene desperdicio. La tienes AQUÍ.

P.D.3 La primera Píldora Filosófica de POINT OF DREW ya está lista! La recibirás este domingo.

DOMINGO. 17 de Mayo. 07h00.

Si no la recibes y crees que debes recibirla, ¡escríbeme!

Nos vemos en el siguiente puerto. Hasta el sábado
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