«¿Estamos contentos? ... ¡Vincent!, ¿estamos contentos?»

«Sí, estamos contentos».

En 1994, Quentin Tarantino revolucionó la historia del cine con Pulp Fiction. La película está llena de diálogos icónicos, violencia coreografiada y giros temporales, pero hay un elemento que lleva 30 años obsesionando al público: el jodido maletín de Marcellus Wallace.

Sabemos que la jodida combinación para abrirlo es el 666. Sabemos que al abrirse emite un jodido resplandor dorado hipnótico. Y sabemos que quien mira en su interior se queda jodidamente maravillado. Durante décadas, los espectadores han buscado respuestas desesperadamente: ¿Eran los diamantes de Reservoir Dogs? ¿Era oro? ¿Era la jodida alma de Marcellus Wallace? Quién sabe.

Cuando finalmente acorralaron a Tarantino en una entrevista para exigirle una respuesta definitiva, su contestación fue una jodida lección magistral de psicología:

"Ahí dentro está exactamente lo que tú quieras que esté".

Tarantino usó el clásico recurso del MacGuffin pero lo elevó a otro nivel: se negó a cerrarlo.
Envolvió el regalo con un papel blanco, sin motivos ni cenefas, obligando al espectador a poner de su parte. Obligándole a utilizar su propia mente para completar la obra, a dibujar lo que se supone que debería reflejarse.

Si trasladamos esta jugada maestra a nuestro crecimiento personal, el diagnóstico de la sociedad actual es preocupante: Hemos perdido la capacidad de imaginar.

Odiamos la ambigüedad. Queremos que la vida nos lo dé todo hecho, estructurado y con un manual de instrucciones. Nos aterra enfrentarnos a un folio en blanco, salirnos de los márgenes o tomar decisiones si no tenemos una garantía absoluta de lo que va a pasar. Nos aterra dar un paso sin saber dónde nos va a llevar, sin asegurarnos que es la dirección correcta.

La vida está llena de direcciones correctas, pero no todas te ofrecen una ruta sin sudor y sin tormentas. Hemos atrofiado el músculo de la creatividad por exceso de comodidades.

El crecimiento real no ocurre cuando sigues las reglas establecidas al pie de la letra; ocurre cuando tienes el coraje de inventar tus propias reglas y jugar en el terreno de la incertidumbre. Ocurre cuando inventas tu propio juego.
En el diseño de cualquier proyecto vital, o al construir los cimientos y operaciones de tu propia asociación, es fácil obsesionarse con tenerlo todo hiper-controlado y atado. Pero la verdadera genialidad reside en exponerse. La decisión no la toma el miedo, la toma el atrevimiento. Es ahí cuando generas tu mapa de proporciones a la hora de actuar, y en ese mapa hay un isla que no está definida, ni delimitada. Carece de forma y estructura. Esa isla es tu poder de imaginación.

Esa pequeña isla es tu maletín.

En la vida real, dejamos ese maletín abierto cuando decidimos apostar por un proyecto sin saber cómo terminará. Cuando le damos a nuestro equipo la libertad de resolver un problema a su manera en lugar de micro-gestionarlos. Cuando permitimos que una relación fluya sin ponerle etiquetas asfixiantes el primer día. Cuando aceptamos que no todas las preguntas de nuestro pasado necesitan una respuesta para poder seguir avanzando.

Esta semana, cierra los tutoriales:

Deja de buscar la respuesta correcta para absolutamente todo. Atrévete a saltar al agua sin toalla. Inventa una regla nueva en tu rutina, deja un final abierto en tu trabajo y permítete la inmensa libertad de no tenerlo todo resuelto.

Dejar cosas abiertas no es dejadez; es confiar en la inteligencia y en la imaginación de quienes nos rodean, y en la nuestra propia.

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P.D.2 MacGuffin te está esperando. No hagas que se cabree. Te espera AQUÍ.

Nos vemos en el siguiente puerto. Hasta la semana que viene
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